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Cambio de temporada: reduce el consumo

Esta segunda baja por maternidad, ha significado para mí, al igual que para muchas otras mamás, pasar más tiempo dentro de casa. Además, es lo que tienen los nacimientos en invierno, que el calor del hogar parece que te atrapa y muchos días no quieres salir a la calle. He tenido la suerte de tener a mi madre cerca estos meses ayudándome con los niños y eso me ha dado algún ratito libre en los días en los que Maya está en la guardería. Nunca podré agradecerle a mi madre lo sufieciente el grandísimo esfuerzo que hace estando aquí, lejos de mi padre y mi hermano para cuidar a sus nietos conmigo. El caso es que en uno de esos ratos, pensé en hacer una selección de ropa tanto de los niños como mía para donarla a alguna charity de aquí del barrio y así quitarnos de encima cosas que no usamos. Enmedio de este proceso, descubrí un grupo de mamás en Facebook que se reúnen una vez al mes cerca de mi barrio para intercambiar ropa de bebés. A muchos la idea les sonará rara y un poco loca porque muchas madres piensan que para dar lo mejor a sus hijos tienen que comprarle ropa cara y nueva. En España no hay mucha tradición de uso de cosas de segunda mano y menos aún cuando se trata de artículos para bebés.

Decidí ir a uno de los eventos y me encantó. Todo el mundo puede ir, la entrada es libre. Cada persona trae la ropa que ya no usa y puede intercambiarla por el mismo número de prendas que ha traído. La gente que no tiene nada que intercambiar, puede comprar prendas por £1 y todo lo recaudado, al igual que las prendas que sobran, se donan a una ONG que gestiona orfanatos infantiles. Allí me di cuenta de la cantidad de ropa que todos tenemos en casa que no usamos y que seguramente no vamos a usar nunca. Poco después, encontré en Facebook otro evento de intercambio de ropa de todas las edades y géneros, también cerca de mi barrio. Fui y también me encantó. Me alegré por una parte de que haya iniciativas como esas y que crezcan, y por otro lado, me entristeció pensar en el desperdicio tan inmenso que supone la ropa. Gastamos mucho dinero y esfuerzo en comprar mucha ropa que no necesitamos, que no queremos y que luego no usamos. En el caso de la ropa de bebés, crecen tan rápido que seguro que más de uno/una se ha quedado con prendas etiquetadas en casa. Aprendí que la vida útil promedio de una prenda en un armario es de 3 años y que la producción de 1 kg de algodón necesita el uso de entre 10,000 y 20,000 litros de agua. Es descabellado que nuestro afán de consumo nos impida ver el impacto que tiene la industria de la moda (o el de la comida, el transporte, etc.).

Y enmedio de este proceso, me encontré también con otra reflexión interesante. Cuando nuestros abuelos y abuelas compraban ropa, había tan solo dos temporadas en un año, el frío y el calor, y la ropa que se compraba atendía a esas necesidades. Cuando nuestros padres y madres compraban ropa, había cuatro temporadas: primavera, verano, otoño e invierno. Pero ahora, hay casi 52 temporadas que equivalen a cada semana del año. Cuando una tendencia nueva sale, desaparece otra anterior y las prendas pasan de moda prácticamente en un abrir y cerrar de ojos. Eso hace que tengamos la necesidad de comprar constantemente todo lo que sale al mercado (pasa con la ropa, pero también la tecnología, los coches, juguetes…). Y este consumo inconsciente nos está llevando no solo a la destrucción de recursos, ecosistemas y demás sino a generar una gran cantidad de residuos que terminan donde no deberían. Todos deberíamos ser más conscientes con lo que compramos, no nos sirve de nada acumular y cuando nos deshacemos de cosas, debemos hacerlo de manera responsable. Lo que nosotros ya no queremos, puede ser muy útil para otros. Pensad en la gran cantidad de familias en el mundo que no pueden vestir a sus hijos. No tiréis ropa al contenedor de basura, buscad formas de reducir los deshechos, seguro que encontráis organizaciones o personas que puedan gestionarlos de una manera útil.

 

Para los que no lo habéis hecho ya, os recomiendo ver el documental Minimalism. Todos podemos marcar la diferencia.

 

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